Aficionado a la literatura y la música clásica, José María Beneyto Pérez-Cerdá se define a sí mismo como europeísta ‘si por ello entendemos alguien que se identifica con los ideales de paz, estabilidad política y prosperidad económica con los que se fundó la Comunidad Económica Europea’ hace ya medio siglo. Y uno comprende, cuando habla con este pausado abogado de 53 años, que su propia trayectoria está salpicada de acciones que sólo podían tener como consecuencia la interiorización de un profundo sentimiento de pertenencia a Europa. Fundador del Instituto Universitario de Estudios Europeos de la Universidad San Pablo- CEU junto al ex comisario Marcelino Oreja, reconoce, sin embargo, que comenzó a entender lo que significaba Europa cuando realizaba sus estudios universitarios en Alemania.

‘Allí’, cuenta, ‘comprendí la historia europea a lo largo del siglo XX’. ‘Al comprobar la relación que ese país mantenía ahora con sus vecinos, me di cuenta hasta que punto era necesaria la colaboración entre los países europeos para impedir que episodios tan atroces como las dos guerras mundiales volvieran a repetirse’. Más tarde, cuando España entró a formar parte de la entonces Comunidad Económica Europea (CEE), fue uno de los primeros españoles que aprobó las oposiciones a la Comisión y al Parlamento, trasladándose primero a Luxemburgo y, posteriormente, a Bruselas para conocer el funcionamiento de las instituciones desde dentro.

Manifiesta, con cierta sorpresa, que ‘a pesar de la enorme burocratización, las cosas funcionan en la UE’. ‘Más allá de las diferencias nacionales, hay una enorme voluntad de activar el consenso a favor de la integración europea’, asegura, al tiempo que reconoce que, quizás, Europa no haya logrado aún el grado profundo de cohesión que nos haga ‘hablar con una sola voz’.

Fiel reflejo de su defensa del proyecto europeo es su participación en la fundación, en noviembre de 1999, del Instituto de Estudios Europeos de la Universidad San Pablo- CEU junto a una figura tan vinculada a las instituciones como el ex comisario de Transportes y Energía, Marcelino Oreja. Desde entonces, el IEE se ha consolidado como el centro de referencia para aquellos estudios que estén relacionados con cuestiones europeas: desde la política exterior y la seguridad común (PESC), hasta la ampliación, pasando por el mercado interior, regulación y competencia, unión económica y monetaria, energía

José María Beneyto dirige desde entonces la institución académica y es titular de la Cátedra Jean Monnet de Derecho e Identidad Cultural Europea, desde donde asume una labor de divulgación ‘muy necesaria’ para dar a conocer la Unión Europea al ciudadano. ‘Hoy en día, gente muy diversa se interesa por las instituciones: al Instituto no llegan sólo universitarios o alumnos de postgrado, sino profesionales  del derecho internacional que buscar saber más sobre resolución de conflictos o bien del ámbito de la empresa, interesados en temas de regulación o competencia’. No obstante, admite que sigue siendo importante realizar una tarea pedagógica con el europeo ‘de a pie’. ‘Mucha gente desconoce la cantidad de fondos comunitarios que se han empleado para permitir el desarrollo de España’. Preguntado sobre cómo ha cambiado nuestro país desde que entrara a formar parte de la Unión Europea, Beneyto se muestra contundente. ‘Radicalmente’, afirma, ‘hemos pasado de tener el 60% de la renta per cápita comunitaria a superarla’. ‘Hemos logrado estabilidad política y monetaria, ha habido una apertura de fronteras importante y, sobre todo, ahora podemos actuar en el mundo de otra manera porque gracias a la UE estamos más presentes incluso en regiones muy vinculadas históricamente a nuestro país como Latinoamérica o el Mediterráneo’.

Dialogando en torno a la construcción europea, Beneyto asegura que cada proceso de ampliación ha sido un éxito ya que ‘ha traído prosperidad económica y estabilidad política a todo el continente’. ¿Y Turquía? ‘Turquía’, responde, ‘es un caso aparte porque podría jugar un papel de interlocutor muy válido con países como Irán o Irak, algo que ayudaría a traer la estabilidad a las fronteras de la UE’.

Y sentencia: ‘Resulta emocionante que comprobar que, a pesar de todo, se han logrado alcanzar los valores originales para los que se creó la Unión Europea: garantizar la paz, la prosperidad y el bienestar en la región’. ‘Y lo mejor es que lo europeo y lo nacional no se contradicen: la historia europea es una sucesión de integración de estados dentro de la UE, pero manteniendo las identidades nacionales, integrándolas y haciendo posible la cooperación entre países’.

Le preguntamos si votará en las elecciones europeas. ‘Por supuesto. Y no sólo por mi trayectoria y el hecho de haber trabajado en el Parlamento Europeo, sino porque considero que es una oportunidad única de expresar nuestra opinión sobre lo que queremos que sea Europa’.

¿Y hacia qué futuro podremos ver avanzar Europa en los próximos años? ‘El Tratado de Lisboa nos va a dar un presidente más estable en el Consejo Europeo y un servicio de cuerpo diplomático, lo que ayudará a consolidar la presencia de Europa en el globo.’ ‘El mundo está cambiando a una velocidad vertiginosa y eso nos está demostrando la necesidad que existe de lograr una mayor cooperación mundial. Deberíamos aprender de la historia europea: hace 80 años Alemania y Francia mantenían posturas enfrentadas que les llevaron a emprender guerras terribles. Hoy, gracias a la experiencia de la UE, esas diferencias se han superado, por lo que deberíamos poder trasladar ese mensaje al exterior’.

Más información:
Instituto de Estudios Europeos de la Universidad San Pablo- CEU
La historia de la Unión Europea, paso a paso
Doce lecciones sobre Europa

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