No se trata de una reforma radicalmente nueva, sino de un esfuerzo para modernizar, simplificar y racionalizar, aún más, la PAC. Fundamentalmente se propone eliminar aquellos obstáculos que todavía impiden a los agricultores responder a las señales del mercado y la creciente demanda de alimentos.
El pasado otoño pudimos comprobar cómo la Unión Europea reaccionaba con celeridad a los rápidos cambios en los mercados de productos básicos europeos y mundiales.
Incrementamos las cuotas lácteas, liberamos a los productores de tierras de labor de sus obligaciones de retirada del 10% de sus tierras y suspendimos los derechos de importación sobre los cereales.
El chequeo de la PAC nos permite adoptar una serie de medidas de carácter más permanente, con las que podemos equipar mejor a nuestros agricultores para que respondan a la nueva situación.
No se trata de una reacción precipitada, sino de una revisión de la PAC muy meditada y de amplio alcance, que se casa a la perfección con la actual situación de mercado.
Proponemos abolir la retirada obligatoria de tierras de una vez por todas para permitir a los productores de tierras de labor aprovechar plenamente su potencial de producción.
Sin embargo, somos plenamente conscientes de los beneficios medioambientales derivados, como subproducto, de lo que originariamente fue una medida encaminada a detener el exceso de producción, por lo que queremos introducir nuevas medidas para contribuir a mantener dichos beneficios.
Las cuotas lácteas expirarán en 2015. Son un anacronismo en la era de la actividad agrícola orientada al mercado. Entre el momento actual y dicha fecha es preciso garantizar al sector lácteo un aterrizaje suave para evitar un súbito crack del mercado el 1 de abril de 2015. Esta es la razón por la que he propuesto incrementar las cuotas gradualmente.
La PAC, cuando se creó en los primeros años 60, se basaba en la garantía de que la UE compraría a un precio garantizado elevado los productos que no pudieran venderse en el mercado libre.
Aunque la así llamada intervención pública se ha reducido considerablemente, debemos continuar avanzando.
Por ello, proponemos suprimir la intervención para el trigo duro, el arroz y la carne de porcino. Para los cereales-pienso, la intervención se fijará en cero y para el trigo panificable, la mantequilla y la leche desnatada en polvo, se pondrá un nuevo acento en los procedimientos de licitación.
La reforma de la PAC de 2003 fue revolucionaria en el sentido que disoció las ayudas directas a los agricultores: en otras palabras, la ayuda financiera a los agricultores dejaba de estar vinculada a la producción de un producto determinado. Esto liberaba a los agricultores para que produjeran lo que el mercado y los consumidores deseaban, en lugar de forzarles a buscar la mejor combinación de subvenciones.
Algunos Estados miembros optaron por mantener ciertos pagos vinculados a la producción, lo que, con demasiada frecuencia, ha seguido dificultando la respuesta de los agricultores a las señales de mercado, añadiendo una carga administrativa suplementaria.
Por lo tanto, debemos seguir impulsando la plena disociación, excepto en los casos en que este proceso pudiera suponer un elevado coste económico, social o medioambiental.
En 2008 los agricultores se enfrentan a una serie de nuevos retos. Responder a los mismos requiere dinero, y contamos con estrictos límites en nuestro presupuesto agrícola.
Por esta razón, propongo reducir los pagos directos a los agricultores y destinar este dinero a nuestro presupuesto de política de desarrollo rural.
En mis propuestas, la transferencia de fondos al desarrollo rural y desde la ayuda directa a todos los agricultores que reciban más de 5,000 euros al año alcanzaría el 13%.
Habría mayores recortes en los pagos directos más importantes como respuesta a la grave preocupación de la opinión pública sobre la distribución de los gastos en la PAC.
El objetivo de otras propuestas es eliminar la burocracia, redistribuir la ayuda a los agricultores en las regiones menos favorecidas y apoyar el establecimiento de medidas de gestión del riesgo, tales como regímenes de seguro para catástrofes naturales y fondos comunes de inversión para crisis relacionadas con enfermedades animales.
Asimismo, aboliremos la subvención especial a la producción de materias primas para su uso como biocarburantes.
Creo que presentamos un conjunto de medidas pragmáticas y eficaces para modernizar la PAC y liberar a nuestros agricultores para que puedan hacer frente al crecimiento de la demanda de alimentos .
Mariann Fischer Boel es comisaria de Agricultura y Desarrollo Rural de la UE.